otro lugar

 

 

Por Patricia Malanca

 

OTRO LUGAR, MARGINACION: NO
 
OTRO

Si de discursos actuales teñidos de profesías hablamos, habría que advertir primero que: Hay un Otro agazapado esperando su turno en las vísperas. Ese Otro acechante latente que se arrastra debajo de la superficie, es el que comienza paulatinamente a usufructuar del mensaje invertido al sujeto.  Ese Otro no es solamente aquel que ha sido arrullado en el centro de los capitales financieros, sino que además su cuna ha sido mecida por la mano que apiló ladrillos insensata y mezquinamente para profundizar y agrandar la brecha con los márgenes. Ese agente que pretende encaramarse en Otro, es quien padece el temor ancestral de ser devorado por los bordes de lo real, y es aquel que al mismo tiempo manipula el poder comunicacional devolviendo en las multiformes pantallas actuales que sirven de espejo, el mayor displacer posible pariendo desprecios entre quienes el mismo discurso desprecia. Es por lo menos sospechoso escuchar: “neoliberalismo sí, pero... con inclusión social”. Este extraño collage o engrudo es el que se plasma en la reseña de la fórmula de un empresario exitoso haciendo calles con rampas para garantizar el acceso de los discapacitados motores. 
  Y cómo decodifica ese Otro? El paradigma que parece alojar el nuevo embate del neoliberalismo no hace basamento en la consigna de los iluminados del 80 “Civilización o Barbarie”, los efectos de la última crisis han demostrado en definitiva que precarizar la educación en definitiva no ha sido rentable; la educación, sus productos y sus externalidades tienen su mercado. Hay una estrategia mas añeja  que es la colonización del dolor y la construcción de la industria de la angustia sobre esas ruinas conquistadas. La angustia es una manifestación de manufactura  bien individual, subjetiva, y contagiosa. El miedo dista de la angustia, ya que el miedo distingue su objeto, la angustia no. En consecuencia, el nuevo prototipo que parece emerger es “Civilización o muerte”, consigna mucho mas angustiosa y efectiva que la impopulosa privación de educación. Así se está pariendo una nueva forma de control social.
  Algo parece filtrarse de los 90. El oxímoron de pizza y champagne emergente durante los 90, una vez terminada la década fue lanzado hecho un bolo alimenticio desde la ventana del poder hacia las orillas, entregando el mensaje como prenda de cambio para que la manada tuviera a distracción un hueso duro, muy duro de roer, tan duro de roer, que nunca se llegó al hueso. Mientras con hambre se estaba intentando digerir bilis, trascartón llegó el 2001 como eclosión de la antecesora década, período crítico en el que se instaló y ganó la arroladora propuesta: “que se vayan todos”
  Creo profundamente que la década del 90 no ha sido lo suficientemente simbolizada, ni lo suficientemente debatida, y que su análisis sucumbió bajo el impacto de la crisis del 2001 que sepultó muchos de sus símbolos, así como Pompeya fue sepultada por la erupción del Vesubio.
  El empoderamiento político de las organizaciones sociales de base, originadas durante los últimos años han venido siendo como la luz del faro ya que son las vanguardistas en la interdicción al discurso actual de la incertidumbre. Esas mismas organizaciones sociales son las que de alguna manera dejarán una capacidad instalada entre quienes las integran, con buenas perspectivas para los líderes del futuro que alumbren ya que son ellas mismas las encargadas de abonar desde su organización, nuevos discursos para las generaciones venideras.
   

LUGAR

Entendiendo el lugar como la posición que ocupa una persona o cosa en una serie, tal como se describe en los diccionarios, descubrimos mucho mas tarde que los lugares y posiciones que el neoliberalismo destruye en un instante, tardan varias generaciones en reconstruirse y reconstituirse en el entramado social. No solo las posiciones y lugares de poder, sino los lugares y posiciones de los sujetos dentro de sus propios clanes.
Las series complementarias de Freud pueden ser bastante efectivas para dar cuenta de la elección de los objetos actuales como el PACO en los lugares donde la cultura del trabajo fue arrasada, como efectivas son también esas mismas series para dar cuenta del origen, propósito y destino de la elección de objeto de los hijos de la Patria financiera al encarnar el poder.


   
MARGINACION

Atendimos y contuvimos mientras aconteció los efectos devastadores de una de las peores crisis sociales del país, acudimos a los márgenes, entrando y saliendo de ellos como una cadena humana de manos fervientes que traspasaban baldes con agua para apagar los restos del incendio. Mitigamos los daños colaterales de los restos que dejó durante los años subsiguientes. Vimos nacer, crecer, y decaer programas sociales, modificarse, mutar, y hasta los vimos desaparecer. Vimos cientos y cientos de caras de la indigencia resquebrajadas por un estupor sin enunciado. Vimos cientos de colegas poniendo hombros, brazos, sudor, letra, y palabras tratando de nombrar lo indecible. Vimos compañeros en esas arenas quedarse sin recursos técnicos, ni remedios que les impidieran caer frente a la delgada línea de sucumbir a la identificación con quienes se asistía. Oímos quejas, demandas. Vimos gente morir en vida, sufrir. Registramos en la memoria los procesos subjetivos más impactantes en la degradación social humana. Desde esos márgenes, hicimos. Nos equivocamos. Reflexionamos. Volvimos a intentarlo. Nos movimos, caímos heridos, nos preservamos, renunciamos. Volvimos a intentarlo y desde esos márgenes volvemos a reflexionar.
 

NO

  Me interesa participar y promover estas jornadas simplemente porque adhiero a la perspectiva de Otro lugar, el vigente: NO. Y agregaría una consigna temporal: OTRA VEZ, NO.
  Quienes estamos y estuvimos trabajando en y desde los márgenes, no podemos ser testigos mudos del germen del nuevo y aggiornado aparato que se filtra por las hendijas de la repetición y que de alguna manera es el subrogado de aquel que desalojó a cientos de personas del sistema, para que emblemáticamente terminaran durmiendo en las calles.
  Aquellos que estamos y estuvimos y que tenemos en la superficie de nuestra memoria las imágenes de la trinchera, tenemos la responsabilidad de compartir nuestras prácticas, dejar registro de esas experiencias y ser la memoria viva de quienes han quedado silenciosos en el arrasamiento de los lazos sociales.
  Tenemos la responsabilidad de documentar lo que llamo el genocidio social de la década infame y sus efectos que aún perduran sobre nuestros días, casi 15 años después.
  Me interesa participar porque OTRA VEZ, NO, y porque la calle con sus cientos de personas durmiendo sobre ellas... sigue imponiéndose como el síntoma visible de aquello irreductible e insolente que persiste hasta nuestros días para evitar que algo se olvide, para evitar que algo se calle.